Creemos en los objetos que pueden volverse propios.
Cuando diseñamos una pieza, pensamos en su forma, en cómo se sostiene, en cómo se siente y en todo aquello que puede aportar a un momento cotidiano.
Pero también creemos que el diseño no termina cuando la pieza sale de nuestras manos.
Empieza otra parte.
La que sucede cuando llega a una casa.
Cuando alguien la elige.
Cuando encuentra su lugar.
Cuando empieza a ser parte de una rutina.
Por eso diseñamos nuestras piezas pensando en el café, pero no queremos decirte cómo usarlas.
Nos interesa que cada persona pueda encontrar su propia manera de relacionarse con ellas.
Que un cuenco pueda acompañar un espresso por la mañana, un café filtrado por la tarde, una pausa entre tareas o cualquier otro momento que encuentre su lugar en él.
Porque un objeto puede tener una intención cuando lo diseñamos, pero adquiere un significado diferente cuando alguien lo incorpora a su vida.
Creemos en dejar espacio.
No queremos que nuestras piezas tengan una única manera correcta de ser usadas.
Queremos que puedan ser interpretadas.
Que puedan cambiar de lugar, de función y de significado.
Que alguien pueda elegir una pieza por su forma y encontrar en ella algo que nosotros nunca habíamos imaginado.
Porque cuando un objeto llega a una casa, deja de ser solamente nuestro.
Empieza a formar parte de la historia de quien lo eligió.
Y eso también es parte del diseño.
Diseñamos posibilidades, no respuestas.
Cada forma que desarrollamos parte de una búsqueda.
Duna, Costa, Cordillera y Volcán nacen de distintas exploraciones sobre la forma, la materia, el café y la manera en que nos relacionamos con un objeto.
Pero no queremos cerrar esas posibilidades.
Preferimos abrirlas.
Diseñamos una forma y dejamos que el uso la complete.
Diseñamos un objeto y dejamos espacio para que cada persona encuentre su propia relación con él.
La pieza es nuestra hasta que llega a tus manos.
Después, también es tuya.
Creemos que lo cotidiano merece ser apropiado.
Hay objetos que usamos todos los días sin detenernos a pensar en ellos.
Nosotros queremos que suceda algo diferente.
No necesariamente que llamen la atención.
Sino que, con el tiempo, se vuelvan familiares.
Que tengan un lugar en una mesa.
En una mañana.
En una conversación.
En una pausa.
Que alguien pueda reconocer una pieza no por su nombre o por su modelo, sino por todo aquello que vivió alrededor de ella.
Porque quizás el verdadero valor de un objeto no está solamente en cómo fue diseñado, sino en todo lo que llega a significar después.
Creemos en los objetos que permanecen.
En las formas que nacen de una idea, pero encuentran su carácter en la materia.
En las pequeñas variaciones, en las huellas del proceso y en aquello que hace que ninguna pieza sea exactamente igual a otra.
Trabajamos con gres y producimos en pequeñas cantidades porque creemos que el tiempo también forma parte de lo que hacemos.
No buscamos la perfección industrial.
Buscamos carácter.
Y creemos que ese carácter también puede construirse con el tiempo, a través del uso, de las marcas y de las historias que cada pieza acumula.
Creemos que la forma también es parte del café.
Por eso diseñamos pensando en lo que sucede antes, durante y después del primer sorbo.
En la forma de sostener.
En la temperatura.
En la textura.
En el peso.
En la relación entre las manos, la pieza y el café.
Pero no buscamos controlar ese momento.
Queremos acompañarlo.
Porque el café puede significar algo diferente para cada persona.
Y el objeto que lo acompaña también.
KŌHĪ NO KATACHI.
Diseñamos la forma.
Trabajamos la materia.
Pensamos el uso.
Y después dejamos que cada persona complete la historia.
No hacemos objetos para decirte cómo vivir un momento.
Hacemos objetos para que puedas hacerlo tuyo.
Porque creemos que el diseño puede proponer, pero también debe saber dejar espacio.
Espacio para usar.
Para descubrir.
Para cambiar.
Para recordar.
Espacio para que un objeto deje de ser simplemente un objeto.
Y se convierta en parte de tu propia historia.
Kōhī no katachi.
La forma del café.